Limpia de Alia Trabucco
El exitoso libro Limpia (2022), Alia Trabucco Zerán (Santiago, 1983), es una agobiante y larga provocación. Está escrito como un largo testimonio dado por Estela, una empleada doméstica puertas adentro, encerrada en un cuarto donde parece que solo hay lo básico y un espejo. Un espejo que, la protagonista sospecha, oculta a personas del sistema de justicia. Personas que deben resolver su grado de responsabilidad o de culpabilidad sobre un hecho que se conoce desde la primera página.
Este largo monólogo solo se interrumpe por lo largo del testimonio, porque nadie hace preguntas, nadie se muestra ni interactúa. Estela, como mucho, cree escuchar ruidos, voces, al otro lado de la pieza.
Estela relata con lujo de detalles su vida junto a su madre en Chiloé y los siete años trabajados puertas adentro en una lujosa casa, en un exclusivo barrio donde no llega la locomoción colectiva. El “señor” es un atareado médico. Ella, “la señora”, una exitosa abogada. Ambos trabajan mucho. Estela llega poco antes del nacimiento de la primera y única hija del matrimonio, Julia.
El relato de Estela es franco, con sus reflexiones, divagaciones, con anécdotas, sus alegrías, rabias, frustraciones.
“La señora entonces dirá: “No recuerdo ningún silencio”. Porque dudo que una mujer como ella reparara en un silencio como el mío.” (p 160)
Son acotaciones que incluyen sus miedos e indecisiones. Con sus resentimientos, también. O los de su madre:
“Así que no te vayas, hazme caso. Y si te vas, no te encariñes. No hay que querer a los que mandan. Ellos solo se quieren entre sí.” (p 183)
Limpia, de Alia Trabucco, es la mirada de una persona fundamental para el funcionamiento de la casa, la crianza de la hija, pero que no es vista. Sin embargo, es capaz de observaciones sutiles, agudas, por ejemplo, durante la celebración de Año Nuevo:
“Cuando terminaron los saludos siguió esa pausa en que nadie sabe qué hacer. Porque absolutamente nada había cambiado. Era otro minuto, otra hora, el paso despiadado de la vida.” (p 87)
Alia Trabucco escribe una tragedia. “Lo que define a una tragedia, dijo la mujer, es que siempre sabemos el final.” (p 177)

Pero va más allá. No solo describe las diferencias sociales, los intereses asociados a esas diferencias, con sus roles definidos, enmarcados. También la autora, y lo plantea de manera explícita, dota a Estela de un habla culto, tanto en el lenguaje que usa como en la forma de plantear y elaborar hechos, situaciones e, incluso, las diferencias culturales.
“No hay palabras, ¿me siguen? Y sin palabras no hay un orden, no hay presente ni pasado.” (p 202)
Todos esos juegos, con sus reflejos y simbolismos, sirven para deformar, contrastar aún más (como cuando se ponen filtros a las cámaras fotográficas, o se contrastan las radiografías) estos mundos diferentes. Brutalmente diferentes.
En síntesis, Limpia, de Alia Trabucco Zerán, entrega un largo, a ratos tedioso, relato testimonial de una empleada doméstica para mostrarnos una sociedad clasista, machista. Agobiante como el relato (de ahí esos pasajes “tediosos”, para quienes somos privilegiados). Que se sostiene en la “institución” de la “nana”, a la cual al mismo tiempo invisibiliza, reduce, infantiliza. Y lo hace mostrando hechos cotidianos, con reflexiones y un lenguaje que interpelan y provocan. Al punto -en términos personales- de desear terminar de leerla pronto, que tuviera menos páginas, y, al mismo tiempo, que se alargara. Que siguiera con sus observaciones, disecciones, profundizando en relaciones de dependencia, sometimientos, y violencias pasivas.
Limpia, de Alia Trabucco, muestra con un caso puntual, situaciones que se dan en muchos lugares, en muchas casas. Además, es una metáfora de nuestra sociedad, de lo que pasa en muchos lugares donde las diferencias de poder -legítimas muchas de ellas- llevan a invisibilizar al otro, a reiterados abusos y al sometimiento.

Limpia de Dominga Sotomayor Castillo
La película Limpia, de Dominga Sotomayor Castillo (Santiago, 1985), está basada en el libro homónimo. La directora de De jueves a domingo, Mar y Tarde para morir joven entrega el relato de los hechos. De manera lineal, a diferencia del libro, donde el relato permanentemente va mezclando tiempos y lugares. Presente con pasado, su experiencia en Santiago con su infancia y su relación con su madre.
La película, centrada en los hechos y no desde el testimonio de Estela, deja muy en segundo plano, los roces, conflictos y miedos de la protagonista. Incluso la larga y tediosa soledad -como es trabajar de lunes a sábado y pasar encerrada en su pequeña pieza sus días libres- parece desaparecer. Y las extensas y cansadoras jornadas de la novela se transforman en días de mucho compartir entre Estela y Julia.
La película, en este sentido, pierde peso en términos de relato, de retrato social, deja de ser tragedia (como está definido más arriba) y pierde peso político. Casi no hay rastro de denuncia, de agobio, de pesadez y sometimiento con actos -algunos irracionales- de rebeldía en post de una película con algo naif, incluso con notas bucólicas.
En la película de Dominga Sotomayor, directora de destacadas cintas, se descarta la idea de tragedia, el agobio y desarraigo de Estela, unido a la necesidad humana e imperiosa de vínculo. De ese vínculo que apenas sobrevive con su madre y su añorado Chiloé, que obtiene con Luisa, el perro y con el empleado de la bencinera. Se matiza el agobio provocado por sus “buenos” patrones contrastados con el exceso de trabajo y abusos que hay en el libro. La directora, en línea con su obra, opta por la melancolía, por los vacíos de las carencias, por la falta de sentido de vida, por la levedad. Alia Trabucco crea un ambiente vacío por la falta de libertad, de aire, de sueños.
Limpia, de Trabucco, tiene poca relación con Limpia, de Sotomayor. Es preferible ver la película y después leer el libro. Y, entre los dos y en una opinión muy personal, elijo el libro. Y si quiere ver una película de Dominga Sotomayor, las tres anteriores me parecen recomendables, en especial Tarde para morir joven.
Dirección: Dominga Sotomayor (Chile)
Intérpretes: María Paz Grandjean, Rosa Puga Vittini, Ignacia Baeza Hidalgo, Benjamín Westfall, Rodrigo Palacios
Disponible en Netflix

