Por Leopoldo Pulgar Ibarra
La propuesta deja de lado lo coyuntural y de trinchera que el director Adolfo Albornoz valora en las obras de Juan Radrigán (1937-2016), Premio Nacional de Artes 2011. Lo hace para detener su mirada en la poderosa reflexión existencial que también advierte en el teatro popular de uno de los gigantes de la dramaturgia chilena.
Y para asegurarse que la voz dramatúrgica de Radrigán resuene con toda su fuerza, Albornoz tomó dos decisiones. Por un lado, reunió a actores de larga trayectoria que trabajaron con el dramaturgo, José “Pepe” Herrera (88 años) y Hugo Medina (83). Por otro, dispuso que un escenario casi vacío, “aunque repleto de memoria”, fuera el espacio donde mostrar la obra.
En este ambiente, rodeado de voces, palabras y afectos, Albornoz echa a correr su propuesta con los textos de Radrigán que seleccionó y entrelazó para profundizar y enfocarse en lo que considera más íntimo y trascendente.
Un circuito con citas textuales de títulos clásicos que dialogarán con las biografías de personajes e intérpretes, todos acogidos en el ancho camino de la “historia reciente del teatro chileno”, dice el director.
Adolfo Albornoz, Premio Nacional de Teatro de Costa Rica 2010, es investigador y especialista con numerosos estudios de la obra radriganiana. Además de académico en la PUC, U. de Concepción y UNIACC, en tres décadas de trayectoria ha dirigido más de treinta puestas en escena en Chile y el extranjero.
“Entre el humor, el dolor y la melancolía, No envejece ni se rinde aborda temas como el amor, la familia, el trabajo, la soledad, la política y el arte. Un recorrido íntimo y colectivo del que emerge una respuesta tan sencilla como contundente: el sentido de la vida está en vivirla”, declara el director Adolfo Albornoz.
Profunda reflexión
¿Te consideras muy cercano a Radrigán respecto de la forma de ver el teatro y la vida?
“Sí. Es un autor que me complace mucho en términos creativos e investigativos. Como académico, investigador y creador hay dos dramaturgos que creo conocer relativamente bien: Juan Radrigán y Marco Antonio de la Parra.
“En su momento actué en alguna obra de Juan y fui asistente de dirección en un montaje de él. También asesoré producciones con obras suyas y dirigí otras. Recuerdo con especial cariño mi puesta en escena de “Hechos Consumados” para el Teatro Nacional de Costa Rica, en 2011, donde pude comprobar la potencia de Radrigán como clásico más allá de Chile.
“Y, ahora, por primera vez, tengo el gusto de hacer un mix de escenas con algunos de sus textos. También he publicado varios estudios sobre su obra”.
¿Qué destacarías para aproximarse a tu visión sobre su teatro?
“Es un clásico, y como bien dice Ítalo Calvino, ´es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir’. Son autores que cada vez que se releen van diciendo nuevas cosas sobre uno, más que sobre ellos.
“Una de las premisas de nuestro montaje fue afirmar que cuando se amortigua la dimensión más contingente de su obra, relacionada con el horror de la dictadura, queda una pregunta por la existencia, sobre el sentido de la vida.
“En su dimensión de teatro popular hay una reflexión profunda, una pregunta por el sentido de la existencia. Lo que hace que su dramaturgia también admita una interpretación muy despojada de lo cotidiano”.
Presencia y ausencia
¿Con No envejece ni se rinde buscas actualizar su obra?
“El título de nuestra propuesta proviene de ´Esa larga lucha que no envejece ni se rinde’, breve ensayo reflexivo, político y poético, publicado por Juan en 1989. Es el hilo conductor de la obra.
“Son escenas articuladas de Hechos consumados (1981), El pueblo de mal amor (1986), Los borrachos de luna (1986) y La contienda humana (1988), entre otros. Obras del periodo clásico de Radrigán, del 80 al 90, del Teatro Popular El Telón que fundó con los actores Pepe Herrera y Nelson Brodt. No encarnamos a Juan, pero todo el tiempo es convocado a escena”.
¿Tuviste oportunidad de conversar con él sobre esta visión existencial de su obra?
“Sí, pero Juan hablaba muy poco de sus obras. Insistía en que todo lo que él tenía que decir está en ellas. Y que después el trabajo, por ejemplo, de interpretación, quedaba en manos de los demás.
“Lo que nosotros estamos haciendo tiene el mérito y la particularidad de mostrar a Juan desde otro lugar. No se intervienen sus textos, no hacemos nada transgresor. La única intervención está en cortar y pegar escenas que van saltando de una obra a otra.
“Simplemente, nos hacemos preguntas a propósito de su dramaturgia, con la dramaturgia y sobre la dramaturgia que permiten iluminar a otro Juan”.
¿Y cómo son las transiciones entre escenas?
“Incluyen una dedicatoria-homenaje que hace Juan en uno de sus libros a Tennyson Ferrada (1930-1999) y recordamos a Arnaldo Berríos (1928-2016), que estrenó Testimonios sobre las muertes de Sabina, ópera prima de Radrigán. Y protagonista, también, de Pueblo del mal amor, primera gran producción de un texto del autor.
“Nuestro montaje lo produce la cía. Silencio Colectivo, de Miguel Ángel Acevedo, coprotagonista mucho más joven de la obra actual, también cercano a Juan. Él egresó con una obra que les escribió Radrigán, dirigida por Hugo Medina. Somos de varias generaciones, todos vinculados a la obra de Juan”.
Lenguaje popular y trascendencia
¿Cómo se conecta la mirada existencial que propone la obra con el lenguaje popular del teatro de Radrigán?
“Pienso que la dimensión de la pregunta existencial ha sido muchas veces eclipsada por la lectura un poco más simplista, en clave de marginalidad, de una dramaturgia que fue tan valiosa e importante en dictadura.
“Pero como es un clásico, también esconde una gran profundidad en la estructura del lenguaje popular. Sin embargo, la grafía de Juan, que al comienzo tenía un lenguaje más cercano a la calle, con el tiempo se transformó en una escritura más poética”.
Me refiero a que sus personajes trasportan temas de gran profundidad a través del lenguaje popular, por eso han trascendido…
“Sí. Y agregaría que es lo que hacen nuestros grandes creadores, que fueron capaces de ver belleza en ese registro popular, como Violeta Parra, Víctor Jara y otros. Como muchos autores, Radrigán fue un gran lector de la Biblia. Todo su periodo clásico está muy marcado por esa presencia. La Biblia, entonces, opera aquí como literatura clásica, como la Odisea, el Libro de los Muertos o el Popol Vuh.
“En el occidente cristiano tenemos una relación espiritual y literaria con la Biblia, como también lo tienen en Egipto con su literatura o el mundo maya con su tradición. Pero también es un texto poético. Juan se relacionó fuertemente con esos personajes.
“En El pueblo del mal amor, la figura de autoridad es el Moisés que lidera al pueblo. También agregaría que muchas veces no se destaca en la dramaturgia de Juan que construyó alter egos.
“El protagonista de El pueblo del mal amor es un escritor que tiene una deuda con su pueblo, una historia que contar. En nuestro montaje también lo hace. Para mí es muy interesante hilar todas las acciones sobre el oficio de la escritura. Y evocar la presencia de este autor en el mundo”.
Fuerte presencia por evocación…
“Exactamente. La pretensión es que, en escena, la presencia de Juan adquiera estatus de realidad. ´Pepe´ Herrera y Hugo Medina dan una clase de actuación y de vida al revisitar sus biografías a través de escenas y de personajes de un autor tan cercano a ellos. Hay momentos en que se desdoblan y cuentan en primera persona testimonios de su propio conocimiento de Juan o de anécdotas con su dramaturgia.
“Ellos recorrieron todo Chile en forma clandestina: poblaciones, universidades, capillas, pero también salas importantes en diferentes ciudades del país, América Latina y Europa. Hay toda una historia de vida, del 80 al 90 durante la dictadura, que es el período clásico del teatro de Radrigán. Algo de eso traemos a escena. Un capítulo de la historia del teatro chileno contemporáneo”.

No envejece ni se rinde
Dramaturgia: Juan Radrigán
Dirección: Adolfo Albornoz
Elenco: Hugo Medina, José “Pepe” Herrera, Miguel Ángel Acevedo
Diseño integral: Guillermo Ganga
Música: Jaime Espinoza
Fotografía, gráfica y audiovisual: Cristián Sottolichio
Técnica en sala: Ana Cocio
Producción: Miguel Ángel Acevedo
Centro Arte Imagen
Loreto 414. Barrio Bellavista.
Viernes y sábado, 20.00 horas.
Entrada general, $ 10.000; estudiantes y tercera edad, $ 6.000.
Hasta 20 junio 2026. + 12 años.
