El libro La (re)vuelta del carnaval, de Sergio Guerra, es un interesante ensayo sobre revuelta y (neo)carnaval. Una mirada que invita a remirar la revuelta o estallido social de 2019, las expresiones carnavalescas en algunas manifestaciones, expresiones de la cultura popular y reflexionar y cuestionar su carácter revolucionario. Y, por supuesto, a pensar sobre el registro de vándalos que promueve el actual gobierno.
“… el carnaval sirve como una válvula de escape para liberar las tensiones que se producen en el cotidiano de la explotación social.” (p. 95)
Historia de represiones
La (re)vuelta del carnaval hace una breve panorámica histórica sobre el carnaval, incluyendo polémicas, cuyos antecedentes parten en la Edad Media. Ya en esa época están quienes ven la utilidad de los carnavales como válvula de escape y los que refuerzan la necesidad de orden y expresan el riesgo de rebelión.
Es interesante, ver las permanentes pugnas entre orden social y carnaval, entre la necesidad de válvula de escape, en especial antes de cuaresma, a la tensión social, y el miedo a la revuelta, al alzamiento y la revolución.
“El carnaval contiene tanto una pulsión erótica como tánica.” (p. 50)
Sergio Guerra hace un breve recorrido por el carnaval y los diferentes e insistentes intentos por borrarlos de Chile. Desde Casimiro Marcó del Pont, último gobernador español, en 1816. Retomado por Bernardo O´Higgins y siguiendo, pasando por Benjamín Vicuña Mackenna, en distintos momentos, hasta hoy. Un tema que ha sido registrado y objeto de estudio, de análisis.
El capítulo, más allá de su valor propio, sirve de marco e introduce el concepto Neocarnavalesco.
Lo Neocarnavalesco
Sergio Guerra se enfoca en las manifestaciones que han tenido en las últimas movilizaciones, desde el 2011, cuando aparecen otras formas de manifestarse, y que tuvieron su punto más álgido el 2019. El autor se centra en lo carnavalesco que se mezcla con la protesta, o se hace parte de ella.
“La revuelta implica un proceso que deja al desnudo la imaginación popular, en la cual anida la alegría de vivir o, dicho de otra manera, una visión dionisiaca del mundo, o retorno mítico de la solidaridad.” (p. 11)
Sin embargo, y más allá de diferir en varias de sus afirmaciones, de asumir una postura evidente respecto al tema, Guerra indaga en matices, contradicciones que hacen menos asible el fenómeno.
“La retórica de la revuelta y por ende la del carnaval que esta conlleva, se entrecruzan con una retórica neoliberal que da paso a las formas neocarnavalescas en un Chile que prohibió la gran fiesta popular como requisito de su propia existencia como estado-nación.” (p. 10-11)
“Es interesante pensar que, si el carnaval es el espacio festivo de expresión de la cultura popular, en esta fase, la carnavalización de la revuelta chilena pone en escena la imaginación popular cuya autenticidad se ha ido eclipsando por la interferencia del espectáculo, exhibiendo su profunda deformación cultural mediante la aparición de íconos extranjeros desterritorializados.” (p. 99)
Carnavales de San Antonio, Chile, primera mitad del siglo XX. Archivo de Mario Celedón.
Sergio Guerra no solo reflexiona sobre los elementos neoliberales o sobre su rol de vía de escape. También acentúa el hecho de que el carnaval es “un paréntesis temporal”, un espacio temporal contenido en sí mismo.
“El mañana para la revuelta no existe, no hay continuidad. El mañana se construye dentro del tiempo histórico y la revuelta es precisamente una suspensión del mañana.” (p. 67)
Desde este punto de vista, [destacador]el carnaval no puede ser revolucionario, puesto que no mira al futuro. Algo diverso es que instancias de carnaval sean manipuladas o gatillen otros procesos.
Paréntesis temporal
“Por esto es que tanto la revuelta como el carnaval coinciden en suspender el tiempo histórico y abrir un paréntesis de temporalidad mítica que trae a las calles los símbolos remotos del origen de la sociedad. Orígenes utópicos, en que reina la igualdad de los seres humanos. La edad de la infancia ingenua de la humanidad en que todo es posible, en que nos regocijamos en el juego, donde la economía se trastoca por la solidaridad.” (p. 101)
En esta última observación, a mi juicio central, tal vez radica uno de los grandes potenciales del carnaval y uno de sus puntos débiles, en un país tan represivo y “tonto grave”.
En este mismo sentido, estigmatizar el carnaval, a los grupos de personas que partición de él, parece tener una doble motivación: forma de segregar, de estigmatizar, y por otro, cohibir la consolidación de formas populares de expresión y de apropiación del espacio público.
“La estigmatización de la muchedumbre, la criminalización de la protesta mediante leyes que persiguen a los líderes y luchadores sociales, la constante lumpenización de la revuelta por parte de los medios de comunicación son, entre otras, técnicas de apropiación que realiza el poder para neutralizar la fuerza revolucionaria de la revuelta.” (p. 63)
En La (re)vuelta del carnaval, Sergio Guerra nos permite acceder nuevas y enriquecedoras miradas, complementarias a otras que podamos tener, de la revuelta social y del carnaval y del neocarnaval. En este sentido es un libro necesario para dar mayor complejidad y profundidad a fenómenos tan relevantes.
Queda pendiente analizar mejor la transculturización -que viene hace muchos decenios- como la influencia de los carnavales nortinos como de migrantes peruanos y bolivianos en Chile.

La (re)vuelta del carnaval
Sergio Guerra
Colección Taller Visual
Aguaderramada Editorial
2025, Valparaíso
