Es el año 1580 y en el manto de la noche solo sobresale la luz roja de la luna de sangre. El rey Enrique I de Portugal acaba de morir, suceso nefasto que Felipe II relacionará con el eclipse lunar. No será el primero ni … el único en llegar a conclusiones similares. El Archivo General de Simancas (Valladolid) celebra el trío de eclipses que se acerca a España con la exposición ‘Eclipsados’, que muestra la actitud que distintas sociedades mantuvieron ante estos fenómenos a lo largo de la historia. Procedente de los fondos del archivo, esta selección de documentos originales da fe de la perspectiva dominante en el pasado: los acontecimientos celestiales eran augurios desfavorables, que presagiaban muertes de monarcas y batallas catastróficas, entre otros.
En la época que sobre todo se refleja documentalmente, del siglo XVI al XVIII, estos fenómenos astronómicos eran bastante desconocidos. Comenzaron a entenderse en profundidad a partir del XVII. La ignorancia alimentaba al pavor, tanto que se acababan barajando observaciones imposibles a ojos de la ciencia moderna. Por ejemplo, en la carta a Carlos I de su embajador en Turín, Gutierre López de Padilla -uno de los documentos que se pueden ver en las vitrinas- éste relata que le contaron que se había oscurecido el Sol durante 44 días, «una barbaridad para los eclipses, que suelen durar minutos», explica el subdirector del Archivo General de Simancas, Joaquín Pérez Melero.
Los tiempos no cuadran tampoco si se tiene en cuenta que en el año de escritura de la misiva, 1531, «no hubo ningún eclipse visible desde Europa». Sin embargo, sí fue posible contemplar el paso del cometa Halley, que «pudo durar muchas semanas y era igualmente una señal de mal augurio horrorosa». Por ello, desde el Archivo se cree que en la correspondencia «confunden ambos» sucesos.
Más adelante en el tiempo hubo documentos que se beneficiaron del ‘efecto Streisand’ -esa idea de que censurar una información es contraproducente porque amplifica su divulgación- antes de que éste fuera nombrado como tal. En 1630 hubo dos eclipses de Sol visibles en España y un vecino de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), Gabriel de Mendoza, publicó un folleto con varias predicciones astrológicas siniestras, de las que una llamaba especialmente la atención por sus implicaciones geopolíticas: «En particular lo sentirán las tierras de… Inglaterra (adonde me inclino ha de suceder muerte de rey, con gozo general de la Cristiandad); Dios lo haga como puede», decían el documento que también exhibe esta muestra.
El Consejo de Estado pensó que si secuestraban la publicación la darían publicidad, pero que convenía hacerlo, «porque el embajador de Inglaterra protestó», recuerda Pérez Melero. Y efectivamente se secuestró. El rey Carlos II de Inglaterra «moría ejecutado, pero 19 años después», desafiando lo que la astronomía de la época -que era astrología- había predicho.
Aunque no corresponde al marco temporal de los documentos que alberga, la exposición hace mención a la batalla de Simancas, ocurrida el 6 de agosto del año 939. Es recreada con un dibujo de cómic. Pérez explica el por qué de su elección. La derrota de las tropas de Ramiro II de León a las fuerzas de Abd-al-Rahman III «marca la primera batalla en campo abierto que pierde el ejército del Califato Cordobés, por eso recibió muchísimo predicamento en toda Europa, y los musulmanes atribuyeron el fracaso a los malos augurios del eclipse ocurrido 15 días antes».
Subdirector del Archivo General de Simancas explicando y cómic e infografía de la exposición.
(Rubén Ortega)
La exposición incluye observaciones astronómicas de gran precisión, sin rastro ya de ningún tipo de consideración que no sea el método científico. En 1726, cuando tras las publicaciones de Kepler y Galileo «ya se sabía bastante astronomía», cómo se movían los astros y que periódicamente uno ocultaba al otro, hubo un eclipse visible desde Lisboa. El embajador español en la capital portuguesa manda una infografía dibujada por el jesuita, matemático y profesor Giovanni Battista Carbone. «Era ya un informe astronómico-matemático donde explica el minutaje del suceso, las órbitas de la Luna y el Sol y por dónde pasarán el satélite y el astro Rey.
La experiencia se complementa con un audiovisual que enseña datos técnicos sobre eclipses y su interpretación en la historia y el arte. Para su elaboración, se ha colaborado con el director del Servicio Regional del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Castilla y León, Jorge Vicente Gómez.
La exposición podrá visitarse en la capilla del Archivo hasta el próximo el 23 de agosto. No obstante, desde la página web del Archivo, se puede acceder a su versión virtual y consultar los documentos que la integran.
Faltan más por exhibir, detalla el subdirector, pero el archivo ha preferido «reservarlos» para los dos próximos eclipses. De momento no hay textos seleccionados, pero sí una idea de título para la segunda edición: ‘Eclipsados’, pero con una ‘d’ más grande a modo de guiño, pues en esta ocasión el tamaño sí importa: «El eclipse total de Sol se ve desde la Tierra por una casualidad. Mientras que el diámetro de la Luna es 400 veces más pequeño que el diámetro del Sol, la distancia de la Tierra a la Luna es 400 veces más pequeña que de la Tierra al Sol. Así, prácticamente uno tapa al otro», recuerda Pérez Melero.

