La pornografía según el ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio | Artes y Cultura

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció que aplicará dos artículos utilizados para clasificar las películas (no para prohibirlas) para la selección de los proyectos postulados a fondos de dicho ministerio. Se busca, dicen, impedir la pornografía y el exceso de violencia.

Hace algunos años, cuando pude acceder a ellas, vi películas emblemáticas como Calígula (1979, director Tinto Brass, con Malcolm McDowell y Peter O’Toole) y El imperio de los sentidos (1976, dirigida por Nagisa Ōshima), me resultaron muy incómodas. Aún más cuando vi La historia de O (1975, director Just Jaeckin), que incluye además escenas de sadomasoquismo y de un machismo extremo.

Sátiros cosechando uva, www.greciantiga.org

Pornografía

Lo anterior, no implica desconocer la existencia y prevalencia de la pornografía en la historia de la humanidad, de las artes y el pensamiento. En su impacto sobre el cuerpo y su representación, además del sexo y las relaciones de género.

Pornografía es, para la Real Academia Española (RAE): “Representación explícita de actos sexuales que busca producir excitación” y “Material escrito, fotográfico, audiovisual, etc., que utiliza la pornografía.”

La definición de la RAE deja abierta la incertidumbre y un espacio amplio para interpretaciones. Porque si por un lado debe haber una “representación explícita de actos sexuales”, es necesario que esta también busque “producir excitación”.

Esto último tiene dos variables. Por un lado, juzga intenciones, lo que es subjetivo, pero, además, no necesariamente eso asegura resultados. Por otro lado, el que produzca o no excitación depende de quienes consuman sus representaciones. Y, aquí, la subjetividad es aún mayor (con la salvedad de casos muy evidentes). Porque, además, el efecto varía según la cultura, la época, edad y las experiencias personales.

Entonces, los límites resultan vagos y difusos. Y cuando eso sucede, la arbitrariedad goza de un terreno propicio para regir y censurar a discreción.

Templos de Khajuraho, www.conmochila

Arte “pornográfico”

Los frescos que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina, entre 1508 y 1512, le fueron encargados por el Papa Julio II. Años más tarde, legó a la cailla El Juicio Final, que plasmó en la gran pared del fondo entre 1536 y 1541, a pedido de Clemente VII y Paulo III. Pero luego del Concilio de Trento, de 1563, fue censurado, y se encomendó a un discípulo del pintor la tarea de alterar los frescos para cubrir los genitales de la versión original, porque a la iglesia les habían parecido obscenos. La palabra pornografía se inventaría recién en el s XIX.

La historia de representaciones explícitas de actos sexuales es interminable, y en todos los continentes. Pondremos solo una mínima muestra, como los sátiros recolectando uva en unas vasijas griegas (en rigor, no son “actos sexuales”, pero sí están excitados). O las esculturas en los Templos Khajuraho de la India. O los diversos dibujos eróticos japoneses, como los del Poema de la almohada. O la abundante cerámica de la cultura Moche, en nuestra América.

También podemos mencionar el dibujo de Salai desnudo, de Leonardo Da Vinci, o El origen del mundo (1866) de Gustave Courbet (1819-1877). Aunque no representan “actos sexuales”, sus representaciones de genitales son explícitas.

Todos los ejemplos mencionados, son considerados en forma prácticamente unánime como obras de arte. Y elementos fundamentales de sus culturas o, al menos, de su época.

Poema de la almohada y Otras Historias, de Gian Carlo Calza, editorial Phaidon

La pornografía hoy

Independiente de nuestra postura y la relación que cada cual pueda tener con la pornografía, ésta es una realidad. Tan difundida que, por ejemplo, en los inicios de la fotografía, ésta usó ampliamente para producir imágenes eróticas y pornografía.

Por otro lado, la industria del cine pornográfico es gigante. “Según cifras del FBI del año 2022, los ingresos en Estados Unidos de la cinematografía pornográfica están entre 10.000 y 14.000 millones de dólares anuales.” (El Generacional). Según ese medio, la industria de la pornografía, movía en 2023, sobre los 100.000 millones de dólares al año.

Además, muchos estudios y reportes evidencian un altísimo consumo de pornografía, en especial después de la pandemia. Con un agravante: que el inicio de éste es a muy baja edad. Incluso a los 8 años.

En este contexto, investigar, cuestionarse y reflexionar sobre la pornografía parece una tarea ineludible por su impacto cultural y sus posibles efectos sociales.

Cultura Moche, Museo Larco

Catalogar ex antes

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio pretende negar la asignación de fondos concursables a proyectos que se relacionen con lo que el ministro y su equipo definen como pornografía. Pero, además, se anuncia hacerlo antes de que el hecho siquiera se produzca, esto es al presentarse los proyectos.

Lo anterior tiene, al menos, dos problemas. El primero es negar una realidad de grandes dimensiones. Porque una de las misiones del arte y sus creadores es, justamente, indagar en las diversas realidades. Explorarlas desde otros ángulos, formular preguntas incómodas. Indagar en mundos incómodos. Invitarnos a conocer y a conocernos.

Lo segundo es cómo saber si algo será pornografía. Porque no solo debe ser “representación explícita de actos sexuales”, sino que, además debe buscar “producir excitación”.

Salai desnudo, Leonardo Da Vinci, Vanguardia

Divagación

A fines de los 70, recuerdo haber ido la biblioteca de la Municipalidad de Concepción a consultar una enciclopedia para un trabajo de investigación en el colegio. No recuerdo que buscaba, quizás algo relacionado con La Araucana y Alonso de Ercilla.

Lo que no se me olvida, es que en un tomo de los que consultaba algún funcionario había censurado toda la sección destinada al embarazo. Las páginas estaban burdamente selladas con cinta adhesiva pegadas de una forma que hacía imposible su lectura.

La única explicación que he podido darme a algo tan insólito, es que aquel empleado decidió que esas páginas eran pornográficas. O, al menos, obscenas (como podría haber sucedido después del Concilio de Trento).

Ex post

Después de esta divagación, continuo. ¿Basta “condenar” un proyecto por lo que suponemos intenciones de excitar? ¿Qué pasa con lo erótico?

(Erótico: Perteneciente o relativo al amor o al placer sexuales. Que excita el deseo sexual. RAE)

¿Cómo definir antes que algo será excitante y, por lo tanto, pornográfico y no “solo” erótico? ¿Habrá una guía, con ejemplos prácticos y gráficos sobre cuándo algo empieza a ser pornográfico? ¿Quién será la persona que servirá de parámetro para definir cuándo se excita y cuándo no? ¿Tendrá que ser una persona -hombre o mujer, trans, homosexual…- o un grupo?

El problema, al menos como lo plantea el ministro, no creo que tenga solución. Tal vez él podría aclararnos, de acuerdo a sus propias vivencias, en qué casos algo no solo es una “representación explícita de actos sexuales”, sino que es pornografía.

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