A sus 43 años, Zhou, cuyo salario como contable apenas alcanzaba los 6.000 yuanes (830 dólares), enfrentó una serie de golpes que la dejaron profundamente afectada. La muerte de su madre no solo devastó emocionalmente a su familia, sino que también agotó sus recursos financieros en tratamientos médicos. Los padres de su marido se distanciaron, y él, inmerso en su trabajo, prácticamente desapareció de su hogar. Fue entonces cuando descubrió los ‘live-streams’ de jóvenes modelos de voz suave y sonrisas perfectas que la llamaban «hermana» y «esposa» y le susurraban promesas de devoción eterna.
«En aquel momento me sentía bastante aburrida. Me fijé en un joven encantador y mucho más joven, quizás de unos 20 años. Me llamó ‘hermana’ y me preguntó: ‘Hermana, ¿por qué sigues despierta tan tarde?’ Así comenzaron nuestras conversaciones», recuerda Zhou. A medida que se intensificaba su comportamiento de dar propinas por interacciones en línea, sus ahorros se desvanecieron y las deudas la abrumaron, lo que llevó a su marido a solicitar el divorcio.
Tras la separación, Zhou se dio cuenta de que las retransmisiones en directo ya no satisfacían sus necesidades emocionales y buscó consuelo en un club de modelos masculinos, donde gastó más de 2.200 dólares en su primera visita. Aunque sabía que todo era una farsa, no pudo resistirse a la esperanza de encontrar «valor emocional» y continuó robando de su trabajo para financiar su adicción. Todos los camareros eran sorprendentemente guapos, encantadores y atentos, lo que le ofrecía una gratificación emocional que anhelaba desesperadamente.
«Cuando me sentía mal, transfería fondos de la cuenta de la empresa. Luego me lo gastaba en dos hombres en el bar. Lo que de verdad ansiaba era que alguien se preocupara de verdad por mí», confiesa Zhou con tristeza. La empresa descubrió el fraude, y hoy Zhou enfrenta cargos por presunto robo, con un futuro incierto por delante. Actualmente, se encuentra detenida y en espera de juicio.
