Daniel, de 13 años, ha quedado huérfano y, desde la muerte de su madre, no habla. Su padre lo deja con la familia de su hermano, para buscar mejores perspectivas en la capital.
Daniel, que siempre a vivido en la ciudad, debe adaptarse rápidamente a las costumbres de “su” nueva familia. Por un lado, hablan en alemán y son muy religiosos. Por otro, son muy estrictos en las formas y en la clara separación entre patrones, colonos, y los trabajadores, los “chilenos”.
“No somos como todos los chilenos”, afirma Hilda, con un dejo de desprecio.
“Quien se opone a la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido”, sostiene Dorothea, la matriarca.

Suspenso y choque cultural
Todos los males es una película de época muy bien lograda. Y de suspenso, donde las tensiones están dadas por la fragilidad de una estructura de funcionamiento donde las mentiras luchan por aflorar. Y por los constantes ataques de perros asilvestrados al ganado ovino.
Lo anterior, es el marco para abordar temas de fondo. Entre ellos destacan el efecto a mediano y largo plazo de los secretos y mentiras familiares, con efectos se heredan por generaciones. Esos secretos están latentes, son sombras que pesan y, en cualquier momento, pueden aflorar y resquebrajar la ilusión de una familia perfecta.
Otro tema central es el encapsulamiento cultural de ciertos grupos, que terminan funcionando como un mundo aparte, casi como una secta. Ese funcionamiento casi inevitablemente entra en conflicto con la comunidad local, en este caso los trabajadores chilenos y sus familias. Personas que saben mucho más de lo que quisieran, en este caso, los patrones.
Por último, subyacen y afloran temas vinculados a un ecosistema clasista y racista, donde gran parte de los esfuerzos se ponen en marcar las diferencias, la superioridad de unos frente a otros. Destacando y valorando, por lo mismo, a los sumisos.

Todos los males, desde los adolescentes
La película asume, en esencia, la mirada de Daniel. Junto a ella, están las de sus primos Hilda y Hermann, además la de Ema, hija de trabajadores del fundo.
Esta decisión, por un lado, pone en los jóvenes en el centro. Son ellos los que se confrontan con el mundo adulto y sus contradicciones. Ellos son los que, en sus búsquedas y definiciones identitarias -y sexuales-, exploran, provocan o tratan de legitimarse frente a sus referentes adultos.
Por otro lado, pone la carga de las tensiones, de las emociones, en esos jóvenes actores. Y lo hace en roles complejos, donde las ambigüedades propias de la edad, sumadas a las situaciones que viven, incluyendo los secretos y mentiras, los ponen a prueba.

Clasistas y racismo
Todos los males funciona como un espejo para diversas partes de nuestro país. Esas que construyen una idea e imagen de familia para estructurar y entender el mundo. Pero esa idea, esa construcción debe mantenerse sólida, perfecta, a altos costos emocionales y éticos. Porque solo es posible hacerlo en base a secretos y mentiras.
La película también es una muestra de los niveles de racismo y clasismo presentes en determinados grupos de nuestro país. Uno donde el origen social y racial sigue siendo determinante. Donde a los “otros” se les valora en la medida que sean útiles, funcionales y sumisos.

Belleza que destaca la maldad
La película muestra una gran preocupación por la ambientación de época como por la belleza de las imágenes, de las secuencias. Los detalles, la iluminación, pequeños reflejos, los paisajes valdivianos son determinantes para crear una atmósfera donde las cosas parecieran que están en su lugar. Que hay un orden y una belleza que avala ese presente.
Sin embargo, es esa misma belleza la que permite ocultar lo sórdido, los secretos, las mentiras. Y la que hace que esas mentiras y las violencias que ocultan sean más chocantes.
Buena película, bella y descorazonadora.
Todos los males
Dirección: Nicolás Postiglione
Guion: Nicolás Postiglione, Alejandro Sieveking
Elenco:
Fernanda Finsterbusch – Hilda
Catrin Striebeck – Dorothea
Teodoro Bustos – Daniel
Tilo Werner – Helmut
Aaron Graf – Hermann
Emilia Contreras – Ema
Gerardo Ebert – Stefan
Dirección de Fotografía: Benjamín Echazarreta
Montaje: Guille Gatti
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Música: Paulo Gallo
Vestuario: Carolina de María
Países de producción: Chile, México, Argentina
Productoras: Oro Films, Whisky Content, Frame
Productora asociada: Yagán Films
Producción: Dominga Ortúzar, Florencia Rodríguez, Juan Bernardo González, Arturo Pereyra
Distribuye: Storyboard Media
Diseño de Producción: Amparo Baeza
Duración: 97 minutos
Idiomas: Español / Alemán
Festivales:
Fantastic Fest 2025, Selección Oficial
Sitges, Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña 2025, Selección Oficial
