Crítica de Teatro: Egon Wolff reitera en Flores de Papel que no olvidemos quiénes y cómo somos | Artes y Cultura

Por Leopoldo Pulgar Ibarra

Una historia que, en 1970, adelantó y sintetizó una aguda y apremiante arista de la realidad social, política y psicológica que se gestaba a alta temperatura en nuestro país. Y que tiene plena vigencia en el Chile de hoy.

Era una mirada crítica desde el sector social acomodado al cual pertenecía, por lo que su propuesta confronta datos emocionales y valóricos fidedignos del mundo que disfrutaba la vida, sin tomar en cuenta lo crudo que era el entorno para miles de chilenos que vivían “al otro lado del río”, metáfora de abandono, soledad, pobreza y miseria.

Y del miedo, real y exacerbado, perfil que Flores de Papel instala en el microcosmos de la relación entre una mujer solitaria de clase media y un mendigo que, luego de ayudarle a llevar las compras a su casa, con astucia se las arregla para ir quedándose en forma permanente y apropiarse de la voluntad de ella.

Eva y El Merluza son los protagonistas de la obra que dirige Francisco Krebs. Una pareja que, en los cuerpos de la actriz Camila Hirane y del actor Felipe Zepeda, se ve más joven que lo que sugiere el relato original.

Almas tensas

Esta obra clásica permite valorar, incluso, aspectos que hoy se hacen más notorios que antes. Muestran no sólo la arista social y política, sino también una vertiente existencial. Y otra más ominosa, que corre en forma paralela como una segunda y tercera capa del universo construido por Wolff.

Aunque El Merluza se muestra atento, ingenuo y simpático, además de exhibir conciencia sobre su condición social, atravesada por el abandono de la sociedad, no vacila en mostrar en momentos una ferocidad psicológica y política apabullante.

Factores que se integran al alma de la obra, a ese duelo progresivo de tensiones entre mundos opuestos que el hombre identifica en y contra la mujer. Y que, en nombre de la marginalidad, usa para desmantelar capa por capa la comodidad burguesa de Eva a traves de un lenguaje punzante, a veces irónico, desafiante e ingenioso.

Este arsenal sin control tiene en la actuación de Felipe Zepeda un aliado fundamental. Su interpretación del vagabundo joven llega amenazante y cargada de matices. El actor maneja los tiempos de la manipulación psicológica, que se asocia, con naturalidad, a su gran capacidad corporal, expresiva y dominante.

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Esto genera un cierto desequilibrio en la relación con Camiia Hirane, actriz de gran potencia dramática. Se suma que, al parecer, a su Eva se le asigna un rol más centrado en una necesidad amorosa-sentimental en su relación con El Merluza. Lo que va en desmedro de la profunda fractura interna, el terror y la extraña fascinación que Eva debería sentir.

Ambiente ominoso

La obra se dearrolla en un ambiente cuya escenografía construye un espacio que absorbe a ambos personajes y sus psicologías. Objetos cotidianos que hablan de buen pasar y de una temporalidad opresiva, encierro y vulnerabilidad. En especial, luego que abundan las flores de papel que arma el visitante.

Por último, la propuesta agrega también una línea de intervención audiovisual que tiene dos contenidos claves. Uno, muy bien logrado, de gran presencia y sentido: cuando El Merluza se muestra duplicado en escena -uno real, otro en imagen-. Sintetiza lo ominoso y concreto que contiene la obra de Wolff.

El segundo momento se produce al final. Se recurre a la conocida metáfora del derrumbre total, de todo y de todos. Un maremágnum de imágenes de larga extensión, cuando ya estaba todo resuelto.

Pero lo que más importa es el regreso de Egon Wolff como homenaje en el centenario de su nacimiento, en un montaje que reactualiza el valor de un dramaturgo nacional. Y que rescata una experiencia escénica sobre nuestra sociedad que invita a mirarnos con los pies bien puestos en la tierra.

Flores de papel, Teatro Finis Terrae

Flores de Papel

Dramaturgia: Egon Wolff
Dirección: Francisco Krebs
Elenco: Camila Hirane, Felipe Zepeda

Diseño integral: Pablo de la Fuente
Composición musical: Alejandro Miranda
Diseño audiovisual: Ximena Sánchez
Asistencia técnica: Fernanda Letelier
Pasantía dirección: Emilia Contreras
Producción de vestuario: Nicole Salgado
Realización escenográfica: Taller José Rojo
Asistencia diseño: Spike Blanch
Pasantía diseño: Sofía Cavieres
Operador de sonido: Diego Salgado
Tramoyas figurantes: Joaquín Nieto y Eloy Valdivia
Financia: Mincap
Producción: Universidad Finis Terrae
Producción general: Sofía Paine

Teatro Finis Terrae

Pocuro 1935. Providencia
Jueves y viernes 20.00 horas; sábado y domingo 19.00 horas.
Hasta 05 julio 2026.

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