Invierno en Torres del Paine y la asombrosa cacería de los pumas en la nieve

 

Por Guillermo Espinoza Bustamante


Las temperaturas invernales al interior del parque pueden descender hasta los -12° C
, resultando ser uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Los animales son grandes sobrevivientes que han evolucionado para superar el clima adverso.

El pelo denso y una doble capa térmica dan al guanaco un aislamiento perfecto. Colas tupidas dan al zorro abrigo y le permiten resistir el crudo y frío invierno. El comportamiento social también cambia siendo común ver grandes rebaños de guanacos y muchas aves que buscan zonas con mayor cobertura contra la nieve…

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Observar al puma

La nieve es solo el telón de fondo, el protagonista indiscutido es el Puma, una figura misteriosa y majestuosa, el “fantasma de la Patagonia”. Los aventureros deben soportar amaneceres largos y gélidos, extensas horas de silenciosa espera, manos entumecidas y binoculares empañados. Pero todo esfuerzo vale la pena. La vivencia inolvidable de un puma en la nieve, un café caliente y minutos de contemplación que se graban en la memoria.

Lo conveniente es llegar al parque justo al amanecer y elegir las zonas más adecuadas para aumentar las probabilidades de un encuentro. Si bien el hábitat del puma es extenso, pudiendo ser observado en todo el Parque, no es secreto que en el sector Este del parque, lago Sarmiento, laguna Amarga, Laguna Azul, las chances de avistamiento son mayores.

El puma es un animal que puede ser visto durante todo el día, pero es más común verlo tanto al amanecer, como al atardecer, donde saca mayor partido a su aguda visión nocturna. Una alta densidad de fotorreceptores, le da al puma una visión nocturna y periférica superior a la mayoría de los herbívoros del parque.

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Observar al cazador

Los pumas cazan frecuentemente en lugares más o menos específicos, zonas relativamente “pequeñas” en las que la degradación de los cuerpos de antiguas presas ha servido de abono y nutren con mayor fuerza a las nuevas generaciones de vegetales. Éstas, a su vez, atraen a más herbívoros, generando un ciclo de traspaso de energía fascinante. Su presencia en el ecosistema es vital para el equilibrio natural. En el Parque Nacional Torres del Paine se encuentra la mayor densidad del mundo.

La temporada baja en Torres del Paine, la menor afluencia de turistas y la nieve acumulada, hace que los pumas ocupen las zonas cercanas a las carreteras para desplazarse con más facilidad, por lo que es frecuente verlos al borde del camino.

Cuando buscamos pumas, buscamos rebaños de guanacos. Es necesario saber leer las posturas, gestos y sonidos de los famosos camélidos patagónicos. En todos los rebaños de guanacos existen algunos que se ubican lejos del “grupo” principal. Conocidos como “centinelas”, son frecuentemente machos juveniles, y vigilan en busca del felino. Permanecen siempre atentos a su presencia y cuando lo ubican, se dan aviso con fuertes relinchos que alertan al resto. En la búsqueda de pumas, el guanaco es tu mejor amigo.

Para los herbívoros, las frecuentes nevadas dificultan la búsqueda de alimento, muchas veces enterrado bajo varios centímetros de nieve. Los carnívoros aprovechan esta situación, por lo que el guanaco redobla la vigilancia. Pero el puma no necesita de mucho para camuflarse y, contrariamente a lo que muchos puedan pensar, aún en terrenos cubiertos por nieve son difíciles de detectar.

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Cacería y cortejo

Para el puma es época de cacerías y cortejos. Los pumas tienen ciclo reproductivo continuo y la hembra se aparea con varios machos, pues mientras más se aparea, más ovula… Es un “truco” evolutivo que tienen las hembras para evitar que los machos maten a los cachorros.

Con un periodo de gestación de 91 días, los cachorros nacerán en primavera. El momento de mayor demanda energética para la madre, el periodo de amamantamiento, coincidirá con el nacimiento de los guanacos (chulengos) extremadamente vulnerables y fáciles de cazar.

El puma, el depredador más grande de Chile, se destaca en la Patagonia por su elegancia y poder, mostrando paciencia e inteligencia en su caza. Además, estoy convencido que los pumas son conscientes de su propio color, pues los he visto ubicarse junto a rocas exactamente del mismo color volviéndose invisibles.

La evolución le ha dado al puma un cuerpo perfecto. Músculos estilizados y fuertes le permiten alcanzar velocidades de casi 80 km/hr, saltar hasta 6 metros en vertical y casi 12 en horizontal. 30 dientes (en comparación a 42 de úrsidos y cánidos) dejan mayor espacio a robustos músculos que le dan a la mandíbula una poderosa mordida.

Una visión 6 veces mejor que la humana, una audición aguda y precisa y un olfato excepcional hacen de este felino una letal y perfecta máquina de matar.

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Diez años de experiencia, un instante inolvidable

He trabajado casi una década como guía en el Parque Nacional Torres del Paine, por lo que he tenido la oportunidad de observar y aprender del comportamiento de este maravilloso animal. He sido testigo de su paciencia, inteligencia y me he sorprendido con sus tácticas de acecho y ataque.

El acecho es un instante inolvidable. Los silenciosos testigos respetamos casi como si fuese un ritual, con los movimientos sigilosos y perfectos.

Resulta inútil intentar predecir la estrategia. El puma aplica todo el conocimiento adquirido. Ha aprendido sobre la dirección del viento, la posición del sol que más le acomoda y cómo elegir la presa más débil o desprevenida. Una madre abnegada, esforzada y atenta le dan al cachorro una formación impecable.

El factor sorpresa es esencial y le da gran ventaja. La elección de la presa, un pique corto y veloz y un golpe poderoso es la receta para el éxito.

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Muerte y vida

Una vez que mata a su víctima, arrastra el cuerpo para ocultarlo de los carroñeros. Más tarde quita el pelo y abre las costillas para devorar el hígado, riñones y el corazón que le dan mayores nutrientes.

La cacería no solo es una buena noticia para el puma. También lo es para una amplia variedad de animales que lo aprovecharán. Los caranchos son los primeros en llegar y con su alboroto alerta a cóndores, águilas, zorros y hasta armadillos que disfrutaran del banquete durante varios días.

Visitar el Parque Nacional Torres del Paine puede ser una aventura inolvidable, llena de desafíos, no exenta de riesgos y sacrificios. No es una época fácil y se debe recordar que se está en uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

Lo importante es un avistamiento respetuoso y honesto. Horas que se grabaran a fuego en tu memoria… Minutos que te dejarán sin aliento, segundos inolvidables.

Puma, foto de Guillermo Espinoza Bustamante

Guillermo Espinoza Bustamante
Guía acreditado Parque Nacional Torres del Paine
Instagram: @bigcat_patagonia

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