No dijeron muerte: Emociones y traumas privados para una historia que nos pertenece a todos | Artes y Cultura

El libro No dijeron muerte reúne una serie de testimonios personales de hijas e hijos de víctimas. Son actos de entrega, de mostrar intimidades, algunas muy profundas, dolorosas o que exponen grandes trizaduras, cicatrices o heridas abiertas. Son textos de autorreparación, de establecer miradas, hechos, y de generosidad, al permitirnos entrar en sus vidas y tener la posibilidad de entender un poco más, en la profundidad y diversidad, nuestra sociedad herida.

El libro No dijeron muerte, editado el año 2023, recién pude leerlo, lentamente, ahora. En varias oportunidades había leído algunas páginas para, casi de inmediato, postergarlo. Es que son testimonios en primera persona, íntimos, algunos muy íntimos, todos dolorosos, de traumas profundos de quienes eran niños cuando sus padres, madres, desaparecieron. Son hijos de ejecutados o de detenidos desaparecidos de la dictadura.

“Para mí, difundir lo que pasó, esto que le pasó a Chile, a nosotros en primera persona y a nuestros padres en primerísima persona, esto que nos ha hecho el Estado, ha sido reparador.” (p 195, Claudia Godoy)

No dijeron muerte tiene muchas posibles lecturas. Por eso, recomiendo leerlo sin expectativas, lo más desprejuiciados y abierto posible. Justamente para poder captar la mayor parte de su diversidad, complejidad, posibles comprensiones. Y, además de entender la profundidad de los traumas ligados a la dictadura, vislumbrar cómo estos testimonios pueden dialogar con otros traumas, con otras historias colectivas como familiares.

“Mis emociones son privadas pero la historia nos pertenece a todos. El testimonio es un deber moral. Si no, ¿cómo vamos a construir memoria? Y si no construimos memoria, ¿cómo vamos a sanar?” (p 317, Marcela Meza)

No dijeron muerte

El libro No dijeron muerte, editado por Josefa Ruiz-Tagle, contiene 34 testimonios de hijas e hijos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos durante la dictadura. Un mosaico que permite ver la diversidad de los traumas, de la forma en que fueron vividos en ese momento y en el tiempo, en que han sido abordados. Y de vivirlos en el presente.

“Cuando recuerdo ahora mi infancia y mi adolescencia es como si fueran prestadas. No me reconozco en esa niña. Todo era desquiciado.” (p 277, Sylvana Verónica Fuentes Cienfuegos)

No dijeron muerte muestra una gran diversidad de vivencias, todas ligadas a muertes violentas, donde en casi todos los casos a los hijos e hijas se les negó la verdad, tratando de protegerlos. Y para evitar que fueran revictimizados y segregados.

“Después de esto, la familia sufre un quiebre. No es que maten a una persona y la vida continúa, el suceso de una muerte no se queda ahí, es algo largo, muy largo, cruza a toda la familia por generaciones.” (p 254, Alejandra Parra)

Reconocer la particularidad y humanizar el recuerdo

“… al transformarse la memoria, se transforma el mundo a su alrededor. Si nuestros relatos eran, como he dicho, terroríficamente semejantes unos a otros, ahora comienzan a desplegarse sus particularidades.” (p 18, Josefa Ruiz-Tagle)

No dijeron muerte muestra múltiples formas en que se enfrentó la muerte violenta del ser querido. Y, en particular, cómo lo hicieron niños, niñas y jóvenes. Donde, en general, les ocultaron los hechos, se produjeron quiebres familiares, sus condiciones de vida cambiaron de forma radical sin explicaciones.

Entender esas particularidades, esa diversidad, abre muchas alternativas de comprensión y de empatía. Incluyendo la relación que esos niños, niñas y jóvenes establecieron con la memoria de sus seres queridos, padres o madres.

“Ya no lo veo como una figura legendaria, como un Hércules asesinado por los dragones a los que se tuvo que enfrentar. Ya no hay esa deshumanización. También dejé de tener rabia contra él por las opciones que tomó, entiendo que él hizo lo que pensó que era lo correcto a pesar del miedo. Me pude reencontrar con él y abrazarlo.” (p 219, Juan Carlos Chávez Pilquil)

Violencia y silencio

“Pero no sólo al ser nombrada la violencia se hace efectiva, también existe en la omisión, el eufemismo y la mentira. Multiplica su potencial destructivo al dejar que el cuerpo sufra toda la sintomatología negándole a la mente un diagnóstico.” (p 320, Josefa Ruiz-Tagle)

Más:  Clepsidra, de Corvalán-Pincheira: Agua, memoria y medioambiente

Al convocar estos testimonios, se reconocen tantas violencias negadas, silenciadas, dolores, cicatrices. También se puede entender que no sea un tema del pasado, porque los traumas y dolores persisten.

“Se ríen en las cámaras, se ríen cuando justifican lo que hicieron, que ellos son los salvadores de la patria. Hay otros que han pasado la vida arrepentidos, pero estos no, estos alardean de sus crímenes cada vez que pueden.
“Yo no sé dónde está mi padre, no sé quién lo mató, ni cuándo lo mataron. No tengo ningún lugar para ir a dejarle una flor. Y los milicos saben dónde hay desaparecidos enterrados, saben a quiénes tiraron al mar.”
(p 144, Eduardo Ziede)

“Los que no han tenido nada que ver en el asunto dicen “ya están marchando de nuevo con sus fotos”. Lo entiendo, ellos no lo vivieron, no conocen ese nival de maldad, no han estado expuestos a la tortura, a la desaparición de personas amadas.” (p 258, Alejandra Parra)

Integrarse

Muchas personas insisten en olvidar, dar vuelta la hoja y en que estas personas se integren.

“Sean cuales sean las teorías y las técnicas, los discursos psicológicos parecen coincidir en que habría que adaptar al desadaptado, integrar al dislocado, curar al enfermo, para que pueda volver a una sociedad civil intacta, con la memoria limpia de los excesos de la sensibilidad…” (p 19, Josefa Ruiz-Tagle)

“Para eso eran el arte y la política, el afecto y la conversación, no para superar el dolor; esa parece ser la obsesión de otras personas. El dolor se sentía, y se sigue sintiendo, como una forma de honrar la vida y a los muertos, perfectamente compatible con la inteligencia, la sabiduría, el gozo y la vitalidad.” (p 22, Josefa Ruiz-Tagle)

Memoria

Reconocer los hechos. Algo que podría ser medianamente simple se ha logrado con gran esfuerzo, en otras se ha impedido. Y en muchas oportunidades, a pesar de las pruebas, se siguen negando. Negar los hechos es negar el dolor provocado, es negar al otro.

“Tengo la certeza de que la memoria es el único camino porque de la justicia no hay mucho que esperar. Y ese es un aporte que podemos hacer nosotros, los hijos, a este país desmemoriado, a este país tan violento. Cada vez que me dicen que olvide me están violentando. Cada vez que me dicen: “Pero si eso pasó hace tanto tiempo. ¡Hasta cuándo con esa historia! Hay que vivir el presente”. Lo que me están diciendo es que mi historia no vale nada.” (p 297, Marcela Meza Lagos)

Pedir perdón

A lo anterior, el reconocer los hechos, después de reconocerlos, podría venir algo más reparador.

“El camarógrafo no lo quería creer. No he visto estas grabaciones todavía, pero cuando mi hermana me contó llorábamos las dos: “Pidió perdón, hermana, pidió perdón”. (p 203, Carolina Valdés).

Pedir perdón es reconocer el daño que se ha hecho. Es reconocer al otro, no es claudicar, es asumir el dolor causado y estar arrepentido de ello.

“Cuando salimos de La Torre, una niña dijo: “Soy hija de un militar y no sé lo que ha hecho mi papá, pero si mi papá hizo algo, yo aquí quiero pedir perdón”. (p 196, Claudia Godoy)

No dijeron muerte es un libro que remueve, que interpela y provoca. Pero en especial, que toca, que humaniza. Porque muestra personas que sobrevivieron y cargan con dolores muy profundos. Que han sido abordados y manejados de muy diversas formas, con resultados disímiles, pero que han tenido la generosidad y la valentía de compartir.

“Mientras los hijos y los nietos de los asesinos justifiquen los crímenes, nuestros hijos heredarán la imaginación herida.” (p 329, Josefa Ruiz-Tagle)

No dijeron muerte, de Josefa Ruiz-Tagle, Sapocast

No dijeron muerte

Josefa Ruiz-Tagle
Saposcat

Santiago de Chile, septiembre de 2023

Referncia de contenido aquí