Los científicos que estudian los fenómenos sísmicos en el mundo tienen muy claro que es imposible predecir los terremotos con anticipación y aquello tiene una explicación muy simple: es porque ocurren súbitamente.
En declaraciones a BBC Mundo, Antonio Morales Esteban, catedrático de ingeniería del terreno de la Universidad de Sevilla, explica que los terremotos ocurren por la liberación repentina de tensión que se produce por el movimiento de las placas tectónicas en las fallas geológicas.
Según el experto, para predecir un terremoto los científicos tendrían que poder identificar 3 importantes variables: dónde ocurrirá, cuándo y su magnitud. Sin embargo, hoy en día solo puede aproximar dos de estas, la magnitud y el lugar.
“El terremoto se produce en fallas que se han estudiado geológicamente y, en función de su tamaño, de la velocidad en la que se desplazan y una serie de características, podemos inferir la magnitud máxima que esas fallas son capaces de producir. Aparte, hay otra serie de parámetros que podemos saber, como el número de terremotos anuales, por ejemplo”, aclara.
Pero plantea que lo difícil es conocer el instante y esto ocurre por la misma naturaleza de los terremotos, que se producen a partir de fallas que acumulan tensión.
“Es como si yo juntase dos puños, los aprieto, los deslizo uno contra otro. Estoy acumulando esfuerzo entre ellos, hay un rozamiento y no se produce nada hasta que de repente, de una manera impredecible, se produce un deslizamiento súbito“, ejemplifica.
Los terremotos en Chile
El profesor Arturo Belmonte, experto en sismología en el Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción lo explicó más simple: “las rocas tienen la capacidad de resistir esta acumulación de carga hasta que efectivamente se supera un umbral de resistencia”.
“Es como quien rompe un lápiz de madera. El lápiz no se rompe inmediatamente, sino que yo tengo que aumentar o eventualmente seguir insistiendo hasta que se va doblando y de pronto esto supera cierto umbral y se quiebra. Acá básicamente ocurre lo mismo”, explica.
Si bien no se puede predecir el instante de un terremoto, los científicos pueden calcular la frecuencia con que se libera la tensión, desatando el evento sísmico.
En el caso de Chile, dice Belmonte, los terremotos generalmente tienen períodos de retorno o de recurrencia. “En terremotos con magnitud mayor a 8, el periodo puede ser 80 años, 90 años, 100 años. Pero no es posible saber exactamente cuándo va a ocurrir”, puntualiza.
El profesor de geofísica señala que también existen los “gaps” sísmicos o lagunas sísmicas, que es cuando no ocurren sismos de gran magnitud durante un largo tiempo en fallas sísmicas activas, lo que indica que hay una acumulación de energía.
Un ejemplo de laguna sísmica es la zona de Atacama, en Copiapó, “el último terremoto ocurrió en 1922, el 11 de noviembre. Por tanto, en esa perspectiva de muy largo plazo con un error que puede tener diez, veinte años, aunque no es una predicción, uno tiene una idea de cuáles son las zonas que están, por así decirlo, aguantando y en las que no se ha liberado esa energía que se acumula durante estos largos períodos de tiempo”, asegura.
Otro factor que habría que conocer para predecir un terremoto son los materiales que se encuentran en las fallas. “Imaginemos que eso sucede en una falla que tiene decenas y cientos de kilómetros de longitud con materiales diferentes, con ángulos diferentes, con una estructura complejísima”, plantea.
Y añade que “necesitaríamos conocer la tensión acumulada y la resistencia al material en cada punto para poder hacer un modelo, lo cual ahora mismo está muy lejano”.
Por ejemplo, si el material de la falla sísmica es muy resistente, Morales explica que posiblemente se acumulará mucha tensión antes de que ocurra una rotura o deslizamiento que cause un sismo fuerte.
Por el contrario, “si el material es muy blando, pues se van produciendo terremotos pequeños y no se producen terremotos grandes como los de ahora en Venezuela”.
Ante estos escenarios, los expertos concluyen que por ahora la única manera de protegerse de un terremoto es tomando medidas preventivas. “Y ahí aparecen los informes de peligro sísmico, sistemas de alerta temprana, normas antisísmicas y todo eso”, recoge Belmonte.
“Al final, la clave hoy día está en la vulnerabilidad, en cómo nosotros construimos las cosas y cómo estamos preparados como sociedad para que, si hay un terremoto, produzca los mínimos daños posibles y remontemos lo antes posible”, concluye.
