Por Leopoldo Pulgar Ibarra
Sin embargo, la producción del prolífico dramaturgo chileno Juan Vera (1945–2002) es mucho más extensa. Una escritura en cuyo centro siempre ha estado el ser humano, el mundo obrero, el trabajo, la historia social y la memoria y los DD.HH después del golpe civil-militar de 1973.
El salitre, La 504, La Catalina, El tren de cobre, Los diálogos de la Merced son algunos títulos de su producción dramatúrgica e investigación histórica. Montajes siempre entrelazados con la cultura popular y exhibidos, principalmente, en sindicatos, poblaciones y ollas comunes. E ignorados por la academia.
Causas y consecuencias
Los amantes y los ojos, escrita en 1988 y estrenada al año siguiente en Suecia, forma parte de la Tetralogía Palabras de amor y aliento a mi tierra herida. Las tres obras anteriores son Antonia: pajaritos de mimbre, remolinos de papel, Tren de cobre y Señora, por Dios, fíjese.
Este cuarto título se focaliza en el “trauma, quiebre e interrupción de las relaciones humanas como consecuencia de la dictadura”, adelanta el director Faiz Mashini.
Narra el regreso de un hombre exiliado a la casa de quien fue su pareja, después de diez años. Allí se enfrenta “a un vínculo transformado por el tiempo, la ausencia y las vidas paralelas que ambos construyeron”. También recurre a los “geranios como metáfora del paso irreparable del tiempo y de un país que cambió”.
En realidad, Los amantes y los ojos busca “despertar, tanto a los personajes como al público, sobre la realidad social y política que atraviesan sus vidas”, precisa el director Faiz Mashini.
Diferencias irreconciliables
¿Dónde se ubica “Los amantes y los ojos” en la producción teatral de Juan Vera?
“Este montaje es una obra de memoria que aborda un contenido muy íntimo y fuerte. Tiene que ver con las relaciones que fueron fracturadas producto del golpe de Estado civil y militar.
“En primera instancia, es sólo el reencuentro entre un hombre que regresa del exilio y de su ex mujer que lo recibe en su casa. No obstante, pareciera que ambos asumen que el tiempo no hubiese pasado…
“Pero el tiempo sí pasó: diez años de lejanía crearon una diferencia irreconciliable que impide que vuelvan a estar juntos. Una visión que tiene un subtexto muy crítico respecto de cómo se ha conformado nuestra izquierda política”.
Enigmas y realidades
¿Predomina en la obra la ficción o tiene la biografía de Juan Vera como soporte?
“Es una ficción que proviene de un hecho real. Se inspira en vivencias. Sin embargo, tanto los personajes y la historia forman parte de una construcción del autor, no de testimonios biográficos.
“La obra tiene una estructura lineal, intervenida por distanciamientos y rompimientos. Al mismo tiempo, hay influencia de la dramaturgia del inglés Harold Pinter (1930-2008), Premio Nobel de Literatura 2005.
“Son textos íntimos, cuyo lenguaje tiene aristas de realismo y del teatro del absurdo al abordar la incomunicación. Son muy duros, y lo íntimo proviene de los matices y lo poético. Hay mucho simbolismo”.
El título tiene algo de enigmático…
“Tal vez por la alusión a ´los ojos’ con que el autor alude a los geranios. El hombre no reconoce la ventana de la casa, porque han crecido los geranios que cultiva la mujer.
“En cambio, ella le habla a los ´ojitos´ de esta flor, porque el centro del geranio pareciera ser un ojo. Para ella esos ojos son los desaparecidos. Cuando habla que alguien no llega más, habla que es una flor.
“El geranio tiene esa doble simbología. Por un lado, los ojos de los desaparecidos, la presencia de alguien que ya no está. Y, por otro, es el paso del tiempo. También es lo que ha cambiado en el departamento, lo que ha cambiado a la vuelta del exilio”.

Qué y cómo decir
¿Qué énfasis pusiste en el trabajo de dirección sobre un texto de matices tan variados?
“Me interesa rescatar el texto de Juan Vera. Darle la importancia que tiene como autor y estimular el estudio de un dramaturgo que hasta la fecha no se valora en toda su dimensión.
“En la obra el texto tiene un tratamiento literal. Hay alguna novedad en cuanto a la puesta en escena, a la forma de concebir el espacio escénico. También añado un elemento que es súper importante.
“Junto con aprovechar el distanciamiento, la incorporación de Ana María López nos permite acentuar el quiebre junto con entregar una contextualización. Ella fue la primera actriz de la obra, pero ahora trabaja con un elenco nuevo. Es la voz que entrega textos y contextualiza para enfatizar la importancia histórica de la obra”.
Una historia de encuentro-desencuentro puede ser rica en diálogos ¿qué le exiges al elenco?
“Los diálogos no siempre son concretos y dirigido al otro personaje. Muchos textos tienen una connotación de diálogo interior. Entonces, la manera de decir, el cómo decir fue para nosotros súper importante. Es un texto de pausas y bastante minucioso en cuanto a cómo se dice. No se pueda trabajar de manera concreta todo el tiempo”.

Los amantes y los ojos
Dramaturgia: Juan Vera (1945-2002)
Dirección: Faiz Mashini
Elenco: Cía. Teatro El Riel (Ana María López, Elivera Maripangui, Alberto Sánchez)
Música: Joaquín Kaulen
Interpretación musical: Pablo Tapia
Técnica: Miguel Aleuy
Utilería: Maru Shultz, Marcela Shultz
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