Hace 11 años, Abraham Pichara, fundador de la empresa de belleza Pichara, falleció, sobreviviéndole su esposa Francisca Guerrero y sus cuatro hijas: Valentina, Javiera, Belén y Amani.
Y aunque nadie lo imaginaba, porque en ese minuto las hermanas mayores rondaban los 25 años, fueron precisamente sus herederas quienes se hicieron cargo del negocio.
Al mismo tiempo, las empresarias se convirtieron en todas unas figuras de internet, especialmente por su gran parecido entre sí y las constantes comparaciones con el Clan Kardashian. Y es que tienen los ingredientes perfectos: belleza, inteligencia y empoderamiento.
Con una historia excepcional, Javiera Pichara conversó con BioBioChile sobre el desafío familiar de convertirse en unas de las empresarias mujeres más jóvenes del país, de su cultura palestina y el conflicto que se vive en la Franja de Gaza y de los mitos de las redes sociales.
– En septiembre de este año se cumplen 11 años desde la muerte de tu padre, Abraham, quien empezó con la empresa. El pasado fin de semana, además, fue el Día del Padre, por lo que es inevitable recordarlo. En ese sentido, ¿cómo ha sido para ustedes tomar el cetro de la empresa?
“Fue todo supercomplicado porque la enfermedad de mi papá la diagnosticaron alrededor de 8 años antes de su fallecimiento, pero no sabíamos cuál iba a ser el final de todo.
Él, junto a mi mamá (Francisca Guerrero), siempre nos incorporó en la empresa, pero para la empresa en los últimos 2 años, cuando él se agravó de su enfermedad, ya físicamente era un impedimento para él el diario; nosotras estábamos bien involucradas, por lo menos yo con mi hermana mayor Valentina.
El día de su fallecimiento nosotras decidimos congelar la universidad, nuestros estudios, para enfocarnos 100% en Pichara, porque teníamos que tomar esta empresa que ya tenía bastantes colaboradores y, la verdad, no podíamos estar estudiando de día y trabajando. No era compatible manejar completamente la empresa y estudiar.
Fue súper complejo, fue duro emocionalmente la pérdida de nuestro papá. Para nosotras, siendo todas mujeres, una familia de descendencia palestina donde la figura del hombre también es bastante fuerte y bien de líder en las familias. Somos también muy unidas, entonces la pérdida de él nos tocó mucho a todas personalmente. Cada una se lo tomó de distintas maneras, todas con dolor y estar trabajando en la empresa fue el desafío, pues también nos ayudaba a pensar en otra cosa, pero fue muy duro, porque todo te recuerda a él.
Él nos decía muchas veces que esto no es solamente una empresa; acá están todas estas familias, estas mujeres y hombres que trabajan con nosotros y las familias de ellos que están detrás. No es algo que yo voy mañana y no quiero hacer nada porque tenemos todo esto entrelazado. Somos muchas personas entrelazadas en la empresa”.
– ¿Cómo es trabajar en familia?
“Trabajar con mis hermanas me ayudó a conocerlas en más ámbitos de los que pensé que las iba a conocer antes de que todo pasara. O sea, cada una es muy distinta, antes de la muerte de mi papá y posmuerte. Todas tuvieron que madurar en distintos niveles.
Cada una tiene una personalidad muy distinta, porque siempre nos han dicho que nos ven iguales, que nos parecemos mucho físicamente, pero para trabajar cada una tiene un aporte distinto. Somos muy leales y tenemos mucha confianza entre nosotras, entonces solo nos definen nuestras virtudes y características.

Para las hermanas Pichara, no solo fue un desafío asumir el mando de una empresa con 60 años de historia, sino que también sus edades, pues tal como relata Javiera en conversación con BioBioChile, ella tenía solo 23 años cuando tuvo que tomar uno de los roles que cumplía su papá y que, por lo general, causa suspicacias en una empresa tan longeva ¿lo harán bien?
“Fue chocante, porque tenía 23 años y diría que era una de las más jóvenes de la empresa. Entonces teníamos a cargo a personas que eran mayores que nosotras. Llegamos sin experiencia a tratar de manejar el trabajo de una persona que tiene años de experiencia.
Fue un equipo que nos ayudó mucho a entender lo que hacían, que estuvo en ese momento difícil apoyándonos”.
– Ustedes vienen de una cultura, tal como decías, centrada en el hombre. ¿Eso influyó en cómo se enfrentaron o adaptaron a ser ustedes las líderes?
“No fue complejo porque mi papá nos crió siempre con esta mentalidad de ser independientes, de que si tenemos un marido, que no seamos 100% dependientes porque tenemos vida propia y tenemos que ser felices y libres.
(Cuando asumimos la empresa) Sentimos la presión de gente del rubro, de la comunidad, que pensaban que nosotras no íbamos a continuar con la empresa o que no íbamos a tener éxito.
Es súper difícil para todas las mujeres brillar y salir adelante; por ejemplo, cuando uno se enfrenta a otras empresas que están lideradas por hombres, siempre les sorprende que seamos todas mujeres y jóvenes”.
– Ustedes son de ascendencia palestina; lo han manifestado así en sus redes sociales en ocasiones. ¿Qué piensan del conflicto que se vive actualmente entre Israel y la Franja de Gaza?
“Nos apena mucho, es algo que se arrastra de hace muchos años; si no hubiese sido esta guerra, mi realidad hoy día sería distinta y tal vez estaría en otra parte del mundo o ni habría existido.
Siempre estamos muy relacionadas con la causa palestina, pero de maneras más anónimas. Mi mamá muchos años fue dama palestina, que es una asociación que ayuda a Palestina, y nos involucramos con la causa.
Ver todo lo que sucede, en especial con los niños, da mucha rabia, pero más que todo pena, tristeza de que uno puede hacer mucho, pero no estás físicamente ahí ayudando. Es súper complejo.
Con todo lo que ha pasado, no tengo palabras para describirlo; es muy terrible la situación”.
Javier y sus hermanas Valentina, Belén y Amani son la tercera generación de su familia viviendo en Chile desde el arribo de sus abuelos a Chile, quienes, tal como relata, huyeron del conflicto en Palestina buscando un mejor lugar. Por eso, la causa palestina se ha convertido en una lucha personal.
“(Me gustaría) que se hicieran más acciones a favor de la paz, no es uno contra el otro, para mi es que todo esté en paz y que se puedan generar ayudas concretas, más que nada con los niños de Gaza y Palestina.
Si se pudieran generar ayudas a través del gobierno, que esté segura de que van a llegar (estoy) más que dispuesta a colaborar. Con mi marido apadrinamos a niños para que puedan estudiar en Palestina”.
– Desde hace un tiempo, tú y tus hermanas se han popularizado en redes sociales, donde han surgido preguntas como si tienen relación con Jorge Pichara, conocido como “El Cuico Roto”, y con Helhue Sukni, que también son parte de la comunidad. ¿Es real que tienen relación con ellos?
“A Jorge lo conozco desde chico, fuimos al mismo colegio. Somos primos como en segundo grado, no directos, pero desde chicos nos hemos juntado como primos, así que para mí es mi primo. Siempre pasamos las vacaciones en la misma zona.
A ella (Helhue Sukni) también la conozco porque sus hijas estudiaron en el mismo colegio. Una era compañera mía, la otra de mi hermana y así las tres”.
– Su historia familiar y la atención que han obtenido a través de las redes sociales han hecho que varios internautas las comparen con el clan Kardashian; de hecho, he leído varias veces la frase “las Kardashian chilenas”, ¿Les gusta esta comparación? ¿Cómo se la toman?
“Somos varias, por eso yo creo. Yo me tomo todo por el lado positivo, así que si lo hablan por el sentido de mujeres exitosas que son empresarias que llevan a su familia, lo encuentro bonito. Pero si es porque son perjudicadas por malos ejemplos de estándares de belleza o que pueden ser perjudiciales mentalmente para niñas y jóvenes, ahí ya no lo comparto.
Ellas, igual que nosotras, son muy unidas, trabajan juntas, comparten mucho, veo la semejanza en ese sentido.
No nos hemos imaginado (en un docureality), pero creo que sería muy chistoso porque nos pasan muchas cosas juntas”.
